Lama Jigme Rinpoche - Extracto de "Los modos de conocimientos - Primera aproximación" - Agosto 2008

Os aconsejo, por propia experiencia, que primero tratéis de entender bien la enseñanza. Se trata, en un primer momento, de escuchar y después, a través de una investigación personal, intentar comprender el sentido. Es lo que significa “vivir con el Dharma de forma estable y constante”. Es esencial. No se trata de modificar nuestro estilo de vida, nuestra forma de comer, de vestirnos, de conducir… A este nivel, cada uno hace sus elecciones personales, no hay necesidad de cambiar con el pretexto de que practicamos. En el corazón de la enseñanza de Buda se encuentra la propia vida y el estado mental en el cual ella se basa. Resulta fácil de explicar pero bastante más delicado de aplicar. Sin embargo, si tenemos una buena comprensión, no es tan difícil de experimentar. Ya sé que puede parecer contradictorio pero en realidad no lo es. Para conseguirlo, tenemos que escuchar las instrucciones y preguntarnos, a través de una reflexión personal, si son pertinentes, si tienen sentido para nosotros y por qué. Todo esto exige una profunda reflexión. A través de esta contemplación, progresivamente, encontraremos el sentido adecuado. Nos daremos cuenta de que, si bien aquello que hemos comprendido es difícil de alcanzar, en adelante sabremos que es justo y benéfico. Incluso cosas que apreciamos pero que comprobaremos que son erróneas se manifestarán como nocivas. A través de este proceso de contemplación, integraremos gradualmente el verdadero sentido de la enseñanza. Esta claridad nueva nos alejará de aquello que es nocivo y cada vez nos será más fácil aplicarnos en lo que es beneficioso. Para hacerlo, claro que necesitamos recibir numerosas enseñanzas así como reflexionar sobre el sentido real al que éstas nos conducen. De vez en cuando, pero de manera regular, nos deberíamos preguntar sobre el motivo de una enseñanza concreta y qué significa realmente para nosotros. Algunos aspectos nos pueden resultar extraños, otros más bien agradables, algunas instrucciones nos pueden parecer contradictorias o muy alejadas de nuestra realidad, todo ello simplemente porque no estamos familiarizados con tales ideas, ni habituados a ponerlas en práctica. Sin duda la enseñanza muestra una forma de ser que no corresponde con nuestros hábitos, pero a través de la reflexión podremos comprender su sentido. Entonces podremos poner en práctica lo que hayamos comprendido. Es un proceso que ocurre de forma natural. No obstante, aunque no es necesario forzarlo, este proceso requiere mucha energía.

Flexibilidad

Esforzarse para integrar el Dharma no impone ser estricto. No podemos impedir tener una actitud mental un poco fanática, lo cual nos va a generar confusión. Si nos excedemos y nos forzamos durante un periodo largo de tiempo, tarde o temprano la mente se va a agotar – aunque no os reconozcáis en esta descripción consideradlo como una información. Tomemos un ejemplo: imaginemos que después de una fuerte lluvia hay barro en el suelo. Si llevamos puesto un bonito calzado caminaremos con mucha atención y precaución para que no se ensucie. Todo ello sin ningún temor en particular. Si permanecemos relajados evitando que el barro manche nuestros zapatos, seremos capaces de avanzar sin dificultad. Este ejemplo puede parecer extraño pero es algo con lo que nos encontramos a veces, y significa que la mente desarrolla una forma de atención, de conciencia. Traslademos este ejemplo a nuestra vida: se trata de aumentar un estado mental de vigilancia que quizás no podemos desarrollar inmediatamente pero que es posible, y nos permitirá adoptar un modo de vida adecuado. Si recordamos las instrucciones y nos entrenamos en su puesta en práctica, progresivamente, será más fácil aplicarlas. Claro que podemos decir: “Todo esto es muy bonito, pero yo no puedo hacerlo; además, ¿por qué tendría que hacerlo? No tiene sentido y no tiene nada que ver con lo que estoy acostumbrado a hacer…” Este tipo de contradicción es natural, somos propensos a criticar aquello que no entendemos; sin embargo, si superamos esta actitud crítica superficial podremos dedicar nuestro tiempo a intentar comprender, a entrenarnos en aquello que hemos comprendido y hacer de ello un hábito. Así nos convertimos en practicantes. Si queremos cultivar un bello jardín, necesitamos establecer las bases: fertilizar el terreno, reunir las condiciones favorables… Lo mismo ocurre con la mente: si deseamos obtener un buen resultado, los preparativos son indispensables. Preparar la mente con buenos hábitos lleva a actuar espontáneamente en la dirección correcta. Si la forzamos, lo que siempre es posible, no funcionará. La espontaneidad nace de la vigilancia y del entrenamiento, de un desarrollo progresivo. Y cada uno de nosotros puede hacerlo, seamos jóvenes o viejos, instruidos o no, inteligentes o no… el proceso es accesible a todos.

Desajuste

Vivir el Dharma no es fácil. Nos gustaría hacer las cosas bien, sin error, pero cuando nos damos cuenta de la dificultad, bajamos los brazos. En realidad, hay que hacerlo lo mejor posible. La mente debe desarrollar la flexibilidad, lo que a su vez dará buenos resultados. Explico esto porque aunque hay muchas condiciones que de momento no podemos reunir, eso no debe bloquearnos. No podemos aplicar de inmediato lo que la enseñanza nos indica, hay que saberlo y aceptarlo, haciéndolo lo mejor que podamos. Es importante tenerlo presente en la mente. Vivir con el Dharma no es algo fácil a pesar de que sea importante para nosotros.
Hace muchos años, cuando escuchaba las enseñanzas de Dujom Rimpoche, comenzaba con algunas nociones, siempre las mismas, que yo también enseño, aunque difíciles, son muy útiles y beneficiosas. Se trata de tres ideas clave: cumplir aquello que es benéfico, renunciar a hacer daño y disciplinar la propia mente. Son los fundamentos que permiten preservar el Dharma en uno mismo. Si consideramos estas tres instrucciones en detalle, son difíciles de poner en práctica. No obstante, se trata de considerarlos como una indicación, una dirección dada, como cuando conducimos y una señal nos indica que la velocidad está limitada a 50km por hora. A veces respetamos la limitación y otras no. Lo mismo ocurre con la práctica. Es esencial tener presente estos tres indicadores que constituyen los fundamentos del Dharma. Rápidamente constataremos que no podemos ponerlos en práctica completamente. Esto nos va a frustrar al principio, pero nos podemos animar a entrenarnos y, poco a poco, nos daremos cuenta que aspectos que antes no podíamos aplicar, en otro momento se hacen accesibles. Nos daremos cuenta entonces, de que somos capaces de hacer más que antes.

Cambiar nuestros hábitos

A pesar de que estos tres aspectos son muy amplios, podemos alcanzar cierta compresión. Incluso si tenemos la sensación de no poder poner en práctica estas instrucciones, podremos aplicar una parte. Tomemos un ejemplo experimentado por muchos de nosotros. Cuando nos pica un mosquito, nuestro primer reflejo es aplastarlo; estamos acostumbrados a este tipo de reacción, es un comportamiento habitual. Si alguien nos dice que no lo hagamos, no lo vamos a aceptar. En general no aceptamos este tipo de observación y pensamos: “¿Porqué no deshacerme de este mosquito? ¿Porqué no matarlo, ya que casi todo el mundo lo hace?” Sentimos esto como una contrariedad, no vemos ninguna razón para parar ya que este tipo de reacción está profundamente enraizada en la mente. Pero si por la reflexión en la enseñanza y gracias a nuestra práctica, comprendemos más o menos porqué no hay que actuar así, cuando un mosquito vuele alrededor de nosotros, no desearemos aplastarlo. Quizás tengáis experiencias de situaciones parecidas. Cuando nos preguntamos porqué no matar al mosquito, nos damos cuenta de que hay numerosas razones que justifican no hacerlo: se trata de un ser vivo, esta acción genera sufrimiento… Cada uno, evidentemente tiene su propia interpretación de la situación, pero a fin de cuentas el resultado será el mismo. Para profundizar un poco, decimos que el hecho de matar un mosquito siembra una semilla. No podemos verlo directamente pero podemos experimentarlo. Matar un mosquito genera sufrimiento, y además algo de este gesto queda en nosotros. Además, si confiamos en el Dharma, tenemos la certeza de que esta semilla madurará en nosotros en forma de sufrimiento. Tenemos por tanto conciencia del sufrimiento que nace del hecho de quitar la vida, y comprendemos que se ha sembrado una semilla que dará un fruto. Observando nuestra mente, nos damos cuenta igualmente de que nuestro comportamiento habitual está ligado a la ignorancia y a nuestro ego. Reflexionando sobre la situación, podemos descubrir varios aspectos, como el karma y sus frutos, el hecho de que el resultado de este acto volverá a nosotros: a pesar de que no deseamos sufrir, deberemos experimentar este sufrimiento. Por eso reflexionar en la enseñanza es esencial, ya que nos permite comprender todas las situaciones a las que debemos enfrentarnos. Al mismo tiempo, nos tropezamos con nuestras propias dudas; sin embargo, más allá de nuestras contradicciones, si miramos la realidad de las situaciones, percibiremos progresivamente su verdadero significado, su importancia y el sentido de nuestras reacciones, los beneficios de lo que realizamos, lo adecuado de ciertas renuncias, etc. Sobre la base de esta reflexión llevada día a día, la comprensión que toma lugar nos permite reaccionar de acuerdo a la enseñanza de Buda. Al no estar influenciados por los hábitos de la vida samsárica, nos volvemos capaces de estabilizar condiciones favorables. Desarrollamos igualmente la claridad mental que permite discernir aquello que es importante para en la relación con nuestro entorno. Se trata de trabajar con lo que nosotros percibimos y lo que realizamos en lo cotidiano, de desarrollar una experiencia nueva de las pequeñas cosas vividas a partir de nuestra contemplación de la enseñanza. Así sabemos qué es lo que hay que abandonar. Podemos entonces enfrentarnos a aquello que antes nos parecía difícil e insuperable. Esto se puede comparar al hecho de comer pimienta: al principio nos puede parecer tan picante y fuerte que no podemos ni metérnosla en la boca, después progresivamente, podemos comerla fácilmente, y al final, la apreciamos. Del mismo modo, al principio, la enseñanza nos parece imposible de poner en práctica, después, va tomando sentido poco a poco y la podemos aplicar en lo cotidiano.

Desarrollar una conciencia

Hemos utilizado el ejemplo del mosquito para comprender mejor la relación que mantenemos con los seres que nos rodean: los humanos y los demás. Reflexionando de este modo, comprendemos mejor sus sufrimientos, nos volvemos más tolerantes y encontramos un mayor espacio interior. Además, si consideramos de esta manera nuestro entorno, constatamos que algunos aspectos son agradables, y otros lo son mucho menos; encontramos dificultades, violencia, etc. Cada vez que encontramos estas situaciones, ya sean éstas próximas o lejanas, nos preguntamos: “¿Porqué se producen? ¡Esto no debería ser así! ¿Cuáles son las causas y condiciones que han generado estas situaciones?”
No hablamos de causas kármicas sino solamente de circunstancias inmediatas. Por ejemplo, cuando tratamos de mirar nuestra propia mente, vemos que algunos aspectos son bastante benevolentes, pero otros no lo son para nada. Es como con ese mosquito que viene a picarnos: no queremos ser molestados, por tanto, lo matamos. De la misma manera, si alguien trata de robarnos nuestras riquezas o de quitarnos nuestra posición, tratamos de desembarazarnos de él… Si buscamos la verdadera causa o la raíz de las situaciones, nos damos cuenta de que se trata de nuestros estados mentales. Y esto es común a todos. La causa está en nuestra ignorancia, nuestro apego, nuestro orgullo, nuestra envidia. Todas estas situaciones desfavorables, negativas, nocivas, violentas, deshonestas… se producen sin cesar. Estas reacciones emocionales conducen a cierto resultado inmediato, a veces benéfico, pero son el origen de numerosas semillas negativas. No podemos verlo directamente pero lo sabemos por deducción. Estas semillas negativas maduran y generan nuevas negatividades, constituyendo así causas y condiciones innumerables y poderosas que dormitan en nosotros.
Realizando una reflexión personal, llegamos a comprender cómo tener una actitud adecuada sin dejarnos influenciar por nuestras propias ideas; todo se vuelve entonces mucho más fácil. Por el contrario, si nos dejamos llevar por nuestras propias concepciones, las situaciones se vuelven difíciles, las percibimos como insoportables, incontrolables.
Debemos realizar nuestra propia búsqueda con el fin de encontrar el sentido. Por eso hemos partido de las nociones que no generen causas negativas y tratamos de practicar lo que es benéfico. ¿Qué es lo que esto significa verdaderamente y cuáles son las condiciones que buscamos para vivir poniendo esto en práctica?
La reflexión sobre nosotros mismos nos lleva progresivamente a descubrir numerosos aspectos. Como hemos dicho antes, esto parece difícil al principio, pero si encontramos el sentido preciso, se vuelve más fácil. Todo depende de la manera en que reflexionamos sobre nosotros mismos y de cómo tomamos conciencia de nuestras ideas preconcebidas y de nuestras emociones; al contrario, sin esta mirada interior, todo se vuelve mucho más complicado. Comprendiendo esto por nosotros mismos, podemos observar a los demás con una mirada similar, vemos que cada uno funciona de la misma manera y comprendemos entonces lo que la enseñanza dice cuando habla de ignorancia, esa ignorancia que nos hace errar en las condiciones samsáricas y experimentar numerosos sufrimientos. Si podemos percibir las causas que generan el sufrimiento inútil, la mente se va a volver mucho más tolerante en numerosas situaciones. Esta tolerancia tiene su raíz en la comprensión. Es como un médico: cuando ve a un paciente no se enfada, si no no podría soportar los sufrimientos y las enfermedades que diagnostica. Identificando las enfermedades, trata de ayudar a sus pacientes y busca la manera de curarles. Si miramos a nuestro alrededor, nos damos cuenta de que muchas personas no son para nada benevolentes. Pero conscientes de que es la expresión de su naturaleza humana, desarrollamos compasión y tolerancia, así como más espacio interior; de esta manera nos encontramos menos perturbados por la conducta de los demás, por aquello que dicen o piensan y así nuestras capacidades se van desarrollando.