17° Gyalwa KarmapaEl budismo es un modo de vida por el cual desarrollamos las calidades de nuestra mente.
Es un modo de vida muy particular, ya que es una manera de alcanzar la felicidad
sin dañar a otros.

17° GYALWA KARMAPA

DHAGPO KAGYU LING
Centro de estudios y de meditación búdicos

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Situación de transmisión

¡Ha vuelto! Y lo hace tal y como es. Cuando llega al Instituto, en su manera de andar rítmica y apacible, las manos juntas y sonriendo a todos, no hay nada que esté de más, pero tampoco hay nada que falte. Lama Nyigyam muestra y hace prueba de ecuanimidad. No necesita seducir a nadie y no adapta la enseñanza, la transmite. Su presencia no tiene nada de afectiva: está ahí para transmitir el Dharma a través de su palabra y su ejemplo.



Además, una vez instalado en su trono y tras haber recitado las oraciones de introducción, comienza sin rodeos: “Voy a enseñar la práctica cotidiana de Tchö en base al comentario de Lodro Thaye. La raíz de todo sufrimiento es el apego a uno mismo y el objetivo de esta práctica de Tchö es la de cortar el apego al yo”. Dicho queda. Las 180 personas presentes se encuentran de hecho colocadas en situación de transmisión. El maestro tiene delante de si el comentario que lee sílaba tras sílaba, añadiendo al hilo de la lectura, las palabras y las frases que forman las instrucciones clave necesarias para la transmisión.



Julie, la traductora, todavía en rodaje, pero sobretodo eficaz, está al acecho, no se pierde nada, anota cada añadido, pide precisiones. Esto lleva más tiempo, pero el ritmo lento permite a cada uno instalarse en las instrucciones dadas y todo el mundo sabe que este vaivén es garantía de precisión.

Las sesiones se suceden - cuatro por día, dos por la mañana y dos por la tarde -, a veces la enseñanza, a veces la práctica, a veces una meditación guiada. Así se desarrollan los siete días del retiro. Salvo la tarde del segundo día que se consagra a la iniciación.

Con lama Nyigyam y su manera de hacer, las épocas se entremezclan. La transmisión de Tchö comienza con Machikma en Tíbet en el siglo XI; se perpetua con el III Karmapa en el siglo XIV, siendo él quien integró la práctica de Tchö en el linaje Kagyu. A partir de ahí, lo aplican varios linajes. La transmisión que estamos recibiendo hoy, es la del monasterio de Surmang, la sede del linaje de los Trungpa que ha permanecido viva. Interconexión: lo que recibimos hoy aquí se dio de la misma manera hace varios siglos con la misma savia. ¿Qué es lo que caracteriza esta transmisión específica? Las instrucciones transmitidas son profundas y extensas, la transmisión no se interrumpe y las bendiciones no se pierden. Esto es lo que crea una situación de transmisión: la enseñanza es auténtica y el enseñante cualificado. Nos queda, en tanto que auditores, el reunir las condiciones para que los receptáculos que somos, escuchen con motivación precisa y una presencia fértil.

Tchö

Tchö es el objeto de todas las proyecciones y todos los fantasmas. Cuando hablamos de una práctica que subyuga los demonios, es lo imaginario lo que toma el relevo. Por tanto, desde el comienzo, la propia Machikma, fundadora de esta práctica de Tchö nos dice: “Aquello a lo que llamamos demonios, no son entidades que existen materialmente con formas inmensas y negras, que asustan y aterrorizan a cualquiera que las vea; se llama demonio a todas las cosas que nos impiden acceder a la liberación”. Esto es lo que se dice. Sobre esta base, podemos abordar la práctica de Tchö de manera más serena.

Si hubiera que resumir lo que son los demonios, la palabra “apego” encaja bien: el apego a los objetos de los sentidos - todo aquello externo a nosotros - o el apego a los estados mentales - todo aquello que tiene lugar en nosotros -, el apego a aquello que nos valida y nos pone eufóricos, y finalmente, el apego que causa todos los otros apegos, el apego a uno mismo. Estos son los cuatro demonios o las cuatro maras. No queda más que preguntarse qué significa “apegar”: es un movimiento de la mente que consiste en dar existencia a lo que no la tiene, a solidificar lo que es fugaz, a cristalizar lo que no tiene sustancia. Es este proceso de apego el que nos embauca, el que nos engaña y que es la causa de tanto sufrimiento sin razón válida. Es la ironía del samsara: tanto peso, tanto dolor para nada. Naropa lo proclama: «No son los fenómenos los que dan problemas sino el apego a estos fenómenos y la creencia en su existencia permanente”. El objetivo de la práctica de Tchö son, precisamente, estos apegos.
Queda la forma de la práctica del ritual: un tambor y una campana, melodías particularmente embriagadoras, sonidos improbables (¡phet!) y repetidos. Incluso si el sentido se entiende, aún queda la posibilidad de dejarse engañar por los aspectos del ritual. Pero Tchö no se deja hacer…

   


La esencia de Tchö

Como en sus orígenes, esta transmisión era un linaje completo, tenía su propio vocabulario, sus propias referencias, sus propios códigos; y, por tanto, más allá de códigos, encontramos la visión y la conducta más profundas del Dharma.
El objetivo de Tchö es la realización de la Gran Madre, Yum Chenmo en tibetano, la madre de todos los budas. ¿Qué es entonces? La Gran Madre es la vacuidad por la cual cada uno puede realizar el estado de Buda. Ella es lo más íntimo de nosotros, lo que está presente desde los comienzos. ¿Cómo descubrir a Yum Chenmo? ¿Cómo actualizar la vacuidad? ¡Os dejo que lo adivinéis! Esto es lo que ha dicho lama Nyigyam, que, por unos momentos, deja el comentario y nos da las instrucciones orales: “Si la mente está agitada no puede percibir su propia naturaleza. La luna no puede reflejarse en un agua contaminada y sucia. Hay que disipar la polución, apaciguar la mente por la meditación de la calma mental. Sobre un agua clara, la luna puede reflejarse, una mente tranquila puede reconocer su propia naturaleza, la verdad de la Gran Madre”. Y sobre la base de la pacificación podemos practicar la visión profunda (lhaktong) que disipa definitivamente el apego a un yo, causa de todos los demonios. El lama continua: “Pacificamos la mente y contemplamos lo que queda - la mente tranquila - y lo que se eleva en esta mente; tienen la misma esencia. Percibimos así la sabiduría libre de toda fijación. En este espacio de sabiduría, no hay ni yo ni otro. Es aquí donde contactamos la verdad de la Gran Madre. Percibir la ausencia de esencia es ver la Gran Madre, es la mente que se reconoce a sí misma”. El verdadero demonio queda así liberado, aquel del apego dualista. Los demás demonios desaparecen después por sí mismos.


La quintaesencia de Tchö

Lama Nyigyam nos invita a meditar juntos para concluir con estos siete días de retiro. Da las instrucciones de meditación: “Para practicar el sentido de lo que es verdaderamente Tchö y revelar la verdad de la Gran Madre (el mahamudra, la vacuidad, el estado de Buda), nos hace falta pacificar la mente por diferentes métodos para lograr un estado libre de apego a conceptos. Sean cual sean los conceptos que se elevan, agradables o desagradables, nos hace falta dejar que se eleven y reconocerlos; todos tienen la misma naturaleza, no tienen una existencia verdadera. Por la observación, la mirada inmediata, reconocemos la ausencia de esencia de conceptos. Cuando un pensamiento se eleva, que pertenezca al pasado, al presente o al futuro, hacemos como si no hubiera nada. No hay nada más que añadir de tipo: “Estoy pensando en esto y no está bien, etc”. Frente a eso que se eleva, no fabricamos nada y no hay nada que meditar. No damos importancia a aquello que se eleva preguntándonos: “¿Se trata de esto o de lo otro? ¿Es de esta manera o de esta otra?”. Es inútil decirse: “¿Hay que meditar en esto o en eso otro?, etc”. Sea cual sea el concepto que se eleva, lo dejamos que se eleve y no nos apegamos a él. Si podemos quedarnos en este estado, es excelente, sino, meditamos con un soporte que nos ayude a pacificar la mente”. El silencio meditativo que ha seguido a esto estaba lleno de estas instrucciones. Estábamos felices del resultado de esta rica semana de retiro, a veces dura, agradecidos todos de que un Dharma así se nos pueda todavía transmitir hoy en día.

Hay que reconocer que, bien sea Tchö, un retiro de meditación, instrucciones sobre los cuatro emplazamientos de la atención o un curso sobre la impermanencia, el mecanismo es el mismo: alimentar un discernimiento que clarifique y activar una compasión que libere. Aquí, lo que ha hecho la diferencia, es la presencia de un practicante auténtico: lama Nyigyam. Con motivo de una conversación, le preguntamos si cuando tomó los votos de monje con 26 años había renunciado o no al samsara. Respondió con una evidente convicción y sin una gota de orgullo, mirándonos a los ojos para estar seguro de que no hubiera ninguna equivocación: “Sí”. Y esto sonaba como “Evidentemente”. Esto es lo que hace la fuerza de un verdadero practicante, es la evidencia nacida de la convicción. Esta convicción nacida de la meditación. La meditación fundada en la reflexión. La reflexión que se asienta en el estudio de las enseñanzas de Buda. Así es que, no queda más que ayudar a los demás a hacer lo mismo, tal y como lo hizo el Buda.

Salvar vidas

Tchö es una práctica de generosidad; es de hecho la generosidad más noble ya que ofrecemos nuestro propio cuerpo, aquello a lo que más queremos, la base de la identificación de un yo. Como no somos capaces de hacerlo verdaderamente, lo meditamos y lo realizamos simbólicamente a través de visualizaciones que efectivamente se han enseñado ampliamente durante el retiro. Concluir la semana con otro acto de generosidad nos parecía darle sentido: hemos realizado el ritual de Salvar vidas.

Sin duda, todos conocemos estas palabras de Chatral Rimpoché:


“Considerar cada vida como su propio cuerpo,
Y hacer esfuerzos para no matar ningún animal vivo sea el que sea,
Pájaros, peces, ciervos, ganado e incluso los minúsculos insectos,
E intentar en su lugar salvar sus vidas,
Ofreciéndoles una protección contra cada peligro”.


El equipo de Dhagpo había organizado el salvamento de 8000 grillos que estaban destinados a ser devorados vivos por reptiles de compañía. Al final de la última sesión, nos hemos reunido todos alrededor de los animales recogidos en pequeñas cajas que todos han podido llevarse para liberarlos en las mejores condiciones. En esta ocasión se ha unido a nosotros Jigme Rimpoché, que había llegado la víspera de Estados Unidos.

Tras una semana de inmersión en uno de los más altos tantras, de instrucciones sobre el mahamudra y rituales bastante exóticos en sus formas, el salvar concretamente vidas nos ha hecho bien. Es así como se cierra el retiro con lama Nyigyam que se ha ido ese mismo mediodía a Niza. Y como no haya razón de que se pare la generosidad, por la tarde hemos realizado un gran festín de ofrendas de reconocimiento.


Puntso, responsable del programa de Dhagpo

   

Merienda convivial

 

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